Ají de gallina

El ají de gallina tiene raíces en la cocina virreinal peruana, con influencias claramente españolas y árabes, y una fuerte adaptación al gusto local.
Su origen se remonta al plato español conocido como “manjar blanco” (blanc-manger), que era una mezcla de pollo, arroz, leche y azúcar. Cuando esa receta llegó al Perú durante la Colonia, se criollizó:
Se cambió el arroz por pan o papa,
Se cambió lo dulce por lo picante gracias al ají amarillo,
Y se usó la carne de gallina deshilachada en lugar de pollo fino o pechuga.
De esa transformación nació el ají de gallina tal como lo conocemos hoy: una mezcla entre lo antiguo y lo criollo, con ese punto perfecto de cremosidad, calor y picante suave. A lo largo de los años se ha convertido en uno de los platos más queridos en las mesas peruanas.
¿Qué lleva un ají de gallina tradicional?
Gallina deshilachada (aunque hoy en día se suele usar pollo por practicidad)
Ají amarillo licuado
Pan remojado en leche o galletas de soda
Leche evaporada
Queso parmesano (opcional, pero da un sabor sabrosón)
Nuez moscada (¡el toque secreto!)
Cebolla, ajo, sal y pimienta
Papas sancochadas
Huevos duros
Aceitunas negras
Y, por supuesto, arroz blanco al lado
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